viernes, 8 de junio de 2007

LA COMPASIÓN PRECIPITADA


No te apresures a compadecer a los otros, así como tampoco corras a compadecerte a ti mismo. Averiguar las causas del sufrimiento propio y ajeno es la esencia de la sabiduría, es algo en lo que tiene que trabajar cada cual.

El sufrimiento no es, desde luego, algo deseable, ni para ti ni para los otros. Por eso es el sufrimiento. Lo deseable es el gozo, la alegría y la felicidad permanente para todos. Y, sin embargo, tal cosa no sucede.

Por mucho que he meditado en el asunto, todavía no conozco el por qué del sufrimiento, así como muchas otras cosas. Pero sé que existe una compasión condescendiente que mira desde arriba.

No sabemos por qué cada persona sufre, ni qué causas o consecuencias puede acarrearle tal sufrimiento. Si te consideras en la situación de compadecer a alguien tal vez pienses que tu situación es mejor que la de aquel a quien compadeces. Pero antes debieras contemplar detenidamente las causas y consecuencias de tu supuesta fortuna, causas y consecuencias que también desconoces.

A veces el sufrimiento es un golpe que nos despierta de la modorra producida la satisfacción rutinaria. A veces el sufrimiento nos encauza hacia un objetivo ineludible, que hemos ido aplazando durante años, para que así, nos dediquemos por fin a resolverlo. El sufrimiento puede ser la vara que no nos permita desviarnos de nuestro curso.

A veces, he deseado que mi desazón, mi inquietud permanente me diera un poco de tregua, para poder así recrearme en dichas ilusorias, volver a paraísos perdidos que, de tan perdidos, en realidad nunca existieron. Y, sin embargo, ahí siempre estuvo el desasosiego como un perro furioso que me empujaba una y otra vez camino adelante.

1 comentario:

VeRa dijo...

Ese sentimiento precipitado... se parece a la compasión
Pero no creo que lo sea
Buda era compasivo, dicen, pórque sentía sobre sí mismo lo que los demás sentian.
COMPADECER es "PADECER CON"
Compartir el sufrimiento...pasarlo de algun modo, estar ahi, estar presente.

Normalmente sentimos esa autocompasión que nos permite acunarnos y disculparnos. Autocompasión y autocondescendecia.

Cuando aprendamos REALMENTE que hemos venido para el gozo y la felicidad, elegiremos mejor.
Se trata de eso: elegir y sostener.

Nadie dice que sea fácil
Mis respetos, señor.
Namasté.