Mostrando entradas con la etiqueta II 08 DÍAS DE SOMBRA Y LUZ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta II 08 DÍAS DE SOMBRA Y LUZ. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de noviembre de 2007

LA MEMORIA DE LA PIEL


El mundo nos roza la piel a cada instante. Siempre. La roza con caricias, con ramas al caminar por los campos y jardines, la roza con viento y con luz, la roza con amor...

Estamos tan poco acostumbrados al amor y la felicidad, que cuando llega, no lo reconocemos.

Igual que cuando tenemos una herida, creemos que el mundo nos roza la piel sólo cuando nos duele. Pero no es así. Nos roza siempre.

El cuerpo reacciona a los movimientos, a los propios y a los del mundo donde habita.

Igual que un perfume o un sabor evoca en nosotros escenas y emociones de tiempos ya vividos, así también la piel tiene su memoria. En cada centímetro de nuestra piel se encierran largas líneas de memoria y de recuerdo.

martes, 13 de noviembre de 2007

CAPRICHOS Y OPTIMISMO


La vida no se puede contemplar a tan grandes rasgos, a modo de biografía o de días venideros. Ahí, en esas figuraciones tan extensas uno se pierde. En cualquier caso, ¿qué es la vida?

Sin embargo, la realidad cacho a cacho tiene aspecto verdaderamente deliciosos.

Uno disfruta mucho de un rato de conversación o de una reunión de familia o de amigos, donde brota espontánea la broma y la risa.

Soledad, cosmos, vida o muerte, tales juguetes de la mente o especulaciones son contempladas por muchos como un asunto más entre otros muchos con que entretenerse, en fin, un mero capricho.

Tenemos el automatismo de adoptar una pose solemne cada vez que se habla o se piensa acerca de tales asuntos gruesos. Pero también tenemos la sensatez del humor y del chiste.

En el fondo es lo mismo. Solemnidad y humor pueden ser instrumentos de sabiduría. Y también pueden ser humo en que extraviemos nuestro olfato y nuestros ojos, y así perder la senda hacia la frescura alegre de la realidad.

Las grandes fórmulas verbales y las ocurrencias afortunadas festejan el ingenio y el talento. Luego, instante a instante, y paso a paso, llegamos a la realidad misma.

¿Desde dónde puedo juzgar la confusión de la mente? ¿Desde dónde puedo juzgar la realidad?

A cada peldaño que asciendo a lo largo de mis días miro hacia atrás y juzgo con autoridad la confusión y los errores del pasado. Luego, aplacada la soberbia del presente, me pregunto en qué errores y en qué clase de confusión me hallo ahora, sin dejar tal tarea para más adelante.

domingo, 11 de noviembre de 2007

AZARES


Nuestras vidas cotidianas transcurren entre el empeño de alcanzar más y el afán de conservar lo que ya tenemos.

Tenemos la ilusión de la permanencia. Nos forjamos conceptos estables de las personas, los hechos, las circunstancias y las cosas. Pero hechos, personas, circunstancias y cosas pasan sin darnos siquiera tiempo a rectificar nuestras opiniones.

Por rápido que funcione nuestro cerebro, la realidad le lleva la delantera.

Los sucesos que nos acaecen no avisan. Se nos presentan simplemente. No nos dan siquiera tiempo a trazar plantes previos o bosquejos. Y luego desaparecen con la misma celeridad.

Nos dedicamos a estudiar, a ejercitarnos, a ponernos a prueba para prepararnos para la vida, sin reparar en que la preparación para la vida es ya la vida misma.

Trazamos planes de futuro, pero tampoco somos videntes ni adivinos. Y por mucho que queramos prever el futuro, luego las cosas resultan ser de otro modo distinto.

Las cosas siempre son de otro modo. Este modo de ahora. El mismo modo.

Me siento y bebo té। Hoy el día está pasando muy deprisa.

sábado, 10 de noviembre de 2007

POR LA TOLERANCIA Y EN CONTRA DE LA TOLERANCIA


La palabra “tolerancia” evoca un significado claramente deseable para muchas personas. Evoca amplios sentimientos de generosidad de carácter y armonía de temperamentos.

Pero ¿tenemos realmente la posibilidad de tolerarle algo a alguien? ¿Quién soy yo el que tolera o no tolera, el que acepta o rechaza?

Tal vez deberíamos alcanzar primero la posibilidad de aceptarnos a nosotros mismos, de ser generosos y buenos y comprensivos con uno mismo।

jueves, 8 de noviembre de 2007

UNIÓN Y DIFERENCIA


Lo que vale para mí no necesariamente ha de valer para otros. Me refiero a las sugerencias, a las orientaciones y las máximas.

No se trata de que cada uno de nosotros estemos en diferentes puntos del camino. Sino que cada uno de nosotros estamos en diferentes puntos de diferentes caminos.

Aunque eso sí, bien puede ocurrir que —utilizando una metáfora de fácil visualización— se traten los diferentes caminos de radios que converjan en un mismo centro.

Así que lo que uno se propone a sí mismo como bueno y deseable no ha de ser necesariamente propuesto a los otros. Y, mucho menos, puede ser exigido a las otras personas. Y lo que vemos como bueno en otras personas no ha de ser necesariamente un modelo para nosotros mismos. Debemos comprender que cada persona sigue su propio curso y está en el lugar concreto en que se halla. No en otro sitio ilusorio.

Comprendiendo esta diferencia entre las situaciones diversas en que se encuentran las personas, es más llevadera la armonía, la conciencia y la unión entre las personas.

Sin divergencia no es posible la unión. ¿Por qué habrían de unirse seres que son lo mismo y están en el mismo sitio?

Es necesario comprender el significado de la divergencia, de la diferencia y de la separación respecto al origen y los objetivos. Tenemos objetivos precisamente porque no los hemos alcanzado todavía.

Lo que se alcanzan son los logros que, a fin de cuentas, son ya memoria y pasto del olvido.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

JUECES DEL VACÍO


Qué gran error si ya he alcanzado una sabiduría, una inteligencia o una virtud que me da derecho a juzgar a las otras personas y también a inculparme a mí mismo. ¿Qué clase de verdad es esa que no conduce a la calidez del cariño y el amor?

Más vale entonces volver al principio. Empezar de nuevo cada día es mi tarea.

lunes, 5 de noviembre de 2007

MÁS LEJOS


Las ambiciones espirituales son las más difíciles de satisfacer. Y no por ser espirituales dejan de ser ambiciones.

Quiero ir más allá. Necesito un aumento. Quiero transformarme a mí mismo. Nada me satisface. Todo esto me digo.

Sí. Quiero ir más allá, pero tendré que ir yo mismo, y no como un ser celeste, sino como ser humano, con problemas intestinales, olores, sudores, dolores de espalda y con los pellejos cada vez más arrugados.

Queremos alcanzar objetivos más elevados, escapar de los problemas mezquinos que nos afligen, tener una comprensión más clara de las cosas, huir del aturdimiento. Bien, de acuerdo. Pero esto tendrá que hacerlo uno mismo, paso a paso, bregando a través de uno mismo a cada instante.

Y sin embargo, anhelamos un poco de maravilla y de magia.

Deseamos escapar de lo mostrenco y de lo ordinario, porque nos parece demasiado mundano y vil si lo comparamos con nuestros elevadísimos intereses espirituales. Pero tampoco tenemos demasiado claro en qué consisten estos intereses espirituales. Acaso son meras ilusiones vaporosas, más ilusorias que otras ilusiones que llamamos pedestres y terrenales.

Volvemos una y otra vez a la realidad misma. Y no tenemos más remedio. Pues la realidad grita. Grita en forma de niños que alimentar y a quienes cambiarles los pañales. Grita en forma de despertador, para ir al trabajo. Grita en forma de claxon en mitad de un atasco. Berrea en forma de llanto o discusión. Ladra en la figura de un perro hambriento. Aúlla en forma de mar embravecido y en forma de viento tempestuoso o de tormenta.