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lunes, 1 de octubre de 2007

LA DISTANCIA COBRADA


La vida de uno mismo —la de los otros tampoco— no puede programarse. Pues no se conocen las circunstancias de lo venidero.

Ha sido necesario cobrar la debida distancia para alcanzar este momento. El tener un objetivo o idea sobre lo que es bueno o perfecto no nos da derecho a tirar el resto de nuestra vida a la papelera.

El largo linaje del cual procedemos tiene toda la importancia. Los amigos que se hallan en nuestros días y todos nuestros conocidos, aparte del signo sentimental que inscribamos sobre ellos, todos ellos son la presencia de lo divino. No hay otra presencia. No podemos traicionar lo presente con lo ausente, con lo que no conocemos, pues el presente es todo, y es también, dentro de la conciencia, el escenario de las ilusiones.

domingo, 30 de septiembre de 2007

LA MEMORIA


Hemos renunciado a muchas posesiones. Nuestra generosidad no tiene fundamento, sin anclarse en nada se expande. Su cualidad es fluida.

Entre tanto, hemos conservado una maleta o balón oscuro donde atesoramos nuestras pertenencias, aquellos que podemos llamar “yo”.

Yo pienso, yo opino que... yo hago, yo decido,... una larga enumeración de principios, de gustos, de preferencias que en realidad no son más “nosotros” que una piedra o una flor junto a la carretera, cuando pasamos a gran velocidad por ella.

Hubo empero un punto en el tiempo de nuestros días en que decidimos qué cosa era “yo” y qué otra cosa no era sino “lo otro”.

La memoria se remonta hasta ese momento, indaga y averigua los motivos que nos indujeron a apropiarnos de tal o cual opinión, gusto, aversión o cualquier otra posesión espiritual sobre la que estampar el sello de nuestra persona.

La memoria se remonta mucho más allá. No niega ni afirma nada. No propone ni dispone. Tan sólo reconoce.