miércoles, 3 de octubre de 2007

NUESTRO LUGAR EN EL COSMOS


Nos pertenece por derecho propio.

Nadie debe pedir perdón por ser tal como es. Pero de las acciones que llevemos a cabo sí debemos ser capaces de dar una respuesta.

Hemos de encontrar nuestro lugar en este mundo. No debemos luchar por conseguirlo ni pelear en nombre de nuestra existencia a la contra de nadie.

Lo que buscamos ya lo hemos encontrado. Lo que deseamos adquirir ya nos pertenece.

Como cuando nos despertamos bruscamente tras un sueño, hemos de darnos cuenta de la realidad que se despliega ante nuestros ojos. Al despertar de una pesadilla, donde la fantasía es confusión y causa espanto, la realidad, la misma realidad de siempre, nos sirve de consuelo y nos resulta tranquilizadora, como un fresco refugio en mitad de la solana del agosto, o como fuego que caliente mientras fuera retumba la tormenta.

Y todo esto son metáforas o comparanzas de la vida misma, pues a lo largo de nuestros días las ilusiones no son refugio de la triste realidad, sino que la realidad es amable refugio de las desilusiones.

Es buena cosa abrir bien los ojos, despertar y constatar este lugar que ocupamos. Me refiero a la metáfora y me refiero a su significado. Me refiero al cuerpo y me refiero a lo que quiera que llamemos espíritu o alma.

Hemos de ejercer con fuerza esa nuestra presencia en el lugar que estamos ocupando. No a la manera de combatir o avasallar a quienes nos rodean, como quien se abre paso a codazos en un atestado transporte público. Al contrario, como se regocijan los habitantes de los desiertos al encontrarse los unos con los otros, de igual modo debemos regalar a las otras personas con nuestra propia existencia.

Hay una sonrisa tras una mirada seria, allá en el fondo del alma.

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