jueves, 30 de agosto de 2007

LA VERDAD SIN DUEÑO


La verdad no tiene dueño. La conciencia verdadera no es artículo de mercaduría, ni sujeto de administración burocrática, religiosa o académica. Si bien las sociedades humanas, las organizaciones, las tradiciones y los organismos pueden facilitar un acceso al camino, no pueden establecer en él su aduana, ni cobrar aranceles, ni exigir sumisión a cambio del acceso. Sólo cada persona por sí misma, por la facultad propia y no recibida de nadie de su realización y su conciencia propia, puede encararse a la verdad.

No existe contabilidad de lo que es cierto. No existe en el camino el error, pues también el error es y se unifica y se contiene. No existe una doctrina verdadera a costa del error de las otras. No hay una correcta práctica a costa del error de las otras prácticas. No hay monstruos, demonios o espantajos que exhibir, pues los monstruos y espantajos también se contienen.

Es la suprema estupidez el establecer una competencia acerca de la verdad entre las distintas tradiciones que se dicen del espíritu, los sistemas de sabiduría y los distintos credos o dioses. Pero la estupidez también se comprende.

Y quien diga lo contrario lo dice no más que con su máscara de grandísimo embustero, granuja y farsante. Y también el embuste, el granujerío y la farsa están comprendidos dentro de lo mismo, que es Uno.

Las autoridades no te quieren como persona, tan sólo te necesitan como número que añadir a la suma de su poder. Y la autoridad también está comprendida.

1 comentario:

Carmen dijo...

buenas noches

me he ido pasando casi diariamente, no obstante se agradece el aviso